Nuestra Historia

Nuestra Historia

Johannes Henry Siemens, nació en la ciudad Libre y Hanseática de Hamburgo (Alemania), El 13 de Junio de 1872. Hijo de D. Detlef Siemens, comerciante de ultramarinos y de su esposa Dª Caroline Catharina María Siemens, nacida  en Fruendt.

Estudió en el colegio de la Iglesia de S. Nicolás, en él, además tenía que cantar en el coro de la iglesia.

Al terminar sus estudios, entro de aprendiz en la empresa Lasally e Hijo. Importadores –mayoristas de café en la que estuvo 3 años preceptivos de aprendizaje y después pasó como empleado a la empresa Horn & Lamsche importadores-mayoristas de Ultramarinos y especializados en la importación de tabacos para puros (Cuba y República Dominicana) y cigarrillos (U.S.A). Después de las horas de trabajo (que en aquellos tiempos duraba hasta las 9 de la noche) se matriculo en una Escuela de Comercio nocturna, donde cursó los estudios requeridos para comerciante. Importador, especializándose en idiomas, tan necesarios en este negocio.

A causa del frío y húmedo clima de Hamburgo, enfermo el joven Enrique de un fuerte reuma de las articulaciones que también afectó a los músculos del corazón, de tal manera que fue declarado como incapacitado total para el servicio militar. Con el tiempo, su estado fue empeorando,  por lo que su médico le recomendó salir de Hamburgo y establecerse en un clima cálido y seco (Suditalia, Egipto, América Central).

En aquel tiempo (1892) apareció un anuncio en un periódico de Hamburgo (Hamburger Nachrichten), ofreciendo un puesto de empleado comercial en la empresa de ultramarinos Vorbeck, de Santa Cruz de Tenerife, a la que, previo consentimiento de su médico, envío su solicitud, que, de entre las 650 que fueron enviadas, fue elegida por su bella caligrafía.

El contrato especificaba Pensión Completa en la Casa Vorbeck y un sueldo mensual de Ptas. 25.- el primer año, de Ptas. 50.- el segundo, de Ptas. 100.-, el tercero, el cuarto el mismo sueldo y al terminar el año el pasaje gratis de vuelta a Hamburgo.

En los años 1891/1892 se desencadenó el cólera en Hamburgo, por lo que no se podía salir de allí sin pasar cuarentena al llegar al país de destino (En el caso de España, en Vigo) por lo que el viaje se retrasó unos meses y en vista de que no remitía, el joven Enrique (20 años) se embarcó el 21 de Febrero de 1893 para Grinpsby, en Inglaterra, en un carguero y desde allí por tren a Liverpool donde embarcó el 26 de Febrero en el “Roquelle” de la Elder Dempster, poniendo pie en Santa Cruz de Tenerife el 6 de Marzo de 1983.

En la empresa Vorbeck de Tenerife, que se dedicaba a la importación de toda clase de mercancías de Alemania, trabajó hasta 1897. Ya en 1894, hizo un viaje de trabajo al vecino Marruecos, para visitar los contactos de la empresa Vorbeck en ese país, pasando por Casablanca, Soffi, Agadir y Mogador, llegando hasta Marrakech. Estos viajes, así como los que hizo al interior del país, se hacían en caravanas de camellos. Después de 9 meses de estancia allí, volvió en el vapor “Benjamín Jaime”  a Las Palmas (su primera visita a ésta) y, con el Correíllo, de vuelta a Santa Cruz.

En 1897, terminando su contrato con Vorbeck, desestimo una oferta de entra en sociedad con él en el negocio de Tenerife, pues quería independizarse, y se llego a un acuerdo para no hacerse la competencia  al ser las ciudades canarias tan pequeñas, por lo que decidieron que él se instalaría en Las Palmas, se volvió a Hamburgo, donde habiéndole sido confirmada la bondad del clima de las Canarias para su salud, reactivó el contrato con la empresa en la que había trabajado (Hor & Lamsche) con miras a ganárselo como proveedor y, con la ayuda de un préstamo de su padre como capital inicial ( préstamo a 7 años, que él devolvió en 3), embarcó rumbo a Las Palmas de Gran Canaria, a donde llegó a principio de 1898, hospedándose en el Hotel Continental, en la Plaza de San Bernardo, hoy sede del Círculo Mercantil, y abrió su negocio al público en el nº 10 de la calle Arena, que el prolongación en semi-esquina de San Bernardo, entre las calles Cano y Mayor de Triana. La empresa, que empezó con la importación y venta de tabacos, así como vitolas, cajas y anillas para puros y demás accesorios, gracias a su tesón, buenas cualidades, carácter afable y simpático, y sus profundos conocimientos de calidades, elaboración, etc., fue, desde el principio, un rotundo éxito, ganándose la simpatía y los parabienes de los estamentos comerciales de la época. Sus clientes eran, mayoritariamente, los fabricantes de cigarrillos y puros, así como los envasadores de picadura.

Como dato curioso cabe reseñar que, en este tiempo, la mayoría de los extranjeros residentes en Canarias eran ingleses, de carácter reservado y no dados a mezclarse con los “nativos”. De esa época, y muy buenos amigos, eran D. Angel Lang-Lenton(inglés), D. Viggo Ádeller ( noruego) y D. Enrique Siemens ( alemán), que eran ampliamente conocidos como los “chonis simpáticos”.

En 1900 llegó, procedente de Koenigsberg, en Prusia Oriental (hoy territorio ruso), la joven Isabel Siegmundo, acompañado a su tío, a quien le habían recomendado tomar los baños en Agaete de Gran Canaria, por ser sus aguas muy beneficiosas para las afecciones del hígado y de la piel. Se hospedaron tío y sobrina en el Hotel Continental, donde trabaron conocimiento con el joven Siemens, que, por otra parte, el el único alemán que había por los alrededores y con quien podían hablar. Y hablar, hablaron, después de la vuelta de ella  a Alemania, se escribieron. Y en la primavera de 1901, Enrique Siemens embarcó para Königsberg, pidió la mano de la muchacha, se casó con ella y se la trajo de vuelta a Las Palmas.

De este matrimonio habrían de nacer 2 hijos Enrique Edgar (1903-1975) y Lothar Herbert (1907-2008), que en el tiempo se harían cargo del negocio.

Hacía 1911, el negocio había crecido de tal manera, que los locales en la calle Arena se habían quedado pequeños, por lo que se alquiló un almacén de 250 Qm en la calle Buenos Aires, nº11 seguido por otro igual, en el nº 7 y, por fin, el de en medio, en el nº 9, uniéndose todos interiormente e inaugurándose los nuevos locales a principios de 1912. El Sr. Siemens había importado las primeras máquinas industriales para la fabricación automática de cigarrillos (vendidas a D. Eufemiano y D. Fernando Fuentes, seguidos por otros), con lo que la calidad y presentación de las labores locales mejoró y aumentó considerablemente (y, por lo tanto, también el de las materias primas, que eran lo suyo)

Al final de la primera guerra mundial (1914-1918) y por causa de la caótica situación económica en la que quedó Alemania, Hamburgo dejó de ser el “clearing- house” del tabaco para Europa y las mejoras en las comunicaciones, posibilitaron el comercio directo entre cada país consumidor y las organizaciones de plantaciones en USA. D. Enrique, dándose cuenta de ello, se armó de cartas de presentación, que le dieron sus antiguos jefes, así como de cartas de pago bancarias y se embarcó para Virginia, en los Estados Unidos, donde no solo anudó contacto con ciertos plantadores, sino que eligió las calidades convenientes para su exportación hacia Canarias. Comenzó, también, con ocasión de un viaje de prospección a Alemania (1923-24), la importación de las famosas maquinas de coser “Naumann”, y de las máquinas de escribir “Erika”, tanto para oficinas, como portátiles, de las que tantos cientos y cientos se habrían de vender en los siguientes veinte años, tanto de una marca, como de la otra.

Había visto, sin embargo, que los tiempos cambiaban, que la intermediación en el negocio del tabaco tocaba a su fin, y que sus  capacidades, tanto económicas como de espacio, superaban, con mucho, las necesidades actuales de su empresa, por lo que preparó un cambio de rumbo.  Es su último viaje  a Alemania había conocido a un sobrino de su antiguo jefe, llamado Bernaherd Halzer, técnico en administración, que junto con su amigo Paul Zenetti, ingeniero en mecánica y maquinaria, pretendían montar una oficina de asesoría técnica. Enrique Siemens llegó rápidamente a un acuerdo con ellos para que se encargasen de la logística de transportes en Alemania y embarque de las mercancías hacia Canarias e invitó al Sr. Zenetti a visitar Canarias y valorar in situ las necesidades técnicas de las Islas.

Entre 1925 y 1927, el Sr. Zenetti visitó Gran Canaria en un primer viaje de unos 9 ó 10 meses de duración, volviendo al año siguiente para visitar Tenerife, La Palma y Gomera. En este segundo viaje vino acompañado a petición del Sr. Siemens, de un joven técnico en administración y en ventas de maquinaria, D. Máximo Naegele, que quedó empleado en la empresa.

De aquí  data el fin del negocio del tabaco y la reconversión de la empresa a ventas de Maquinaria y Material Industrial, Motores diesel para la propulsión de bombas de agua, bombas de pistón para pozos y centrífugos para impulsión en galerías, ventiladores para galerías, compresores de aire, ejes de acero y cojinetes para los mismos, correas y poleas para el acople de los distintos elementos, herramientas para pozos y galerías, para talleres, maquinaría para Obras Públicas, y demás accesorios necesarios para todos los menesteres.

En 1980 se había hecho obvia la necesidad de una presencia continua en Tenerife, por lo que D. Enrique Edgar Siemens, hijo mayor del Fundador, acompañado de D. Máximo Naegele, se trasladaron a Santa Cruz y alquilaron unos almacenes apropiados, en la calle Perta Canseco nº 55 y 57, abriendo las puertas al público a mediados del verano de dicho año. Pasado poco más de un año, D. Enrique Edgar volvió a Las Palmas, dejando a D. Máximo como director y apoderado de la empresa, cargo que ejerció hasta su retiro en el año 1980, siendo sustituido por D. Carlos E. Siemens, que se vino expresamente de Hamburgo, donde residía, para encargarse de la necesaria reestructuración y modernización de los sistemas, de acuerdo con las modernas tecnologías al uso. Hoy es Enrique D. Siemens, el hijo mayor de Carlos, quien ostenta la dirección de la empresa en Tenerife.

La eclosión del negocio continuó a pesar del necesario paréntesis provocado por la Guerra Civil primero, y después de la 2ª Guerra Mundial, de forma imparable hasta el fin de la década de los 60 en la línea general de negocio de Maquinaria y Ferretería Industrial, si bien se produjo, al final de la Guerra Civil, un cambio de proveedores, por otra parte obligado, pasando la Península a tener un peso específico mucho mayor, por lo menos hasta que, a mediados de los 50, la industria alemana volvió a renacer. La “Casa Siemens”, así la conoce todo el mundo, fue, hasta ese momento, el referente obligado en todas las Islas, para cualquier proyecto tecnológico que se quisiera acometer.

Solo reseñar, que en el año 1949, D. Enrique Siemens Fründt, ya en el 78ª año de su vida, falleció apaciblemente, dejando en sus familiares y conocidos el recuerdo de un hombre de bien.